El traje femenino se compone de un “gipó, cosset” o jubón. de manga larga o al codo, de orillas pespunteadas, y mangas rematadas con encajes, forma un conjunto con la falda, que da lugar a diferentes combinaciones o contrastes. El cosset viene encañado en su parte delantera, para lo cual se utilizan cañas de palmito, varitas de olivo o de esparto de donde procede el término “encañar”.

Su objetivo es mantener ceñido y erguido el torso y contribuir a una cintura más fina. La pieza se escota en el pecho y en el delantero forma una pala que termina en punta por delante, por encima de la cintura de la falda. En los costados se abre mediante unas “aletes o castellets”, almenas que, en número variado y en forma de greca, se ciñen en torno a la cintura de la mujer.  Por ello, la forma de su patronaje, corte y confección nos da una tipología propia de la época. Una tendencia es combinar el “gipó o jubón” con una falda de color vivo, en espolín bordado con sedas de varios tonos en motivos florares y enriquecida con hilos de oro y plata. Podemos observar una evolución en la suntuosidad de los tejidos, desde las sedas oscuras, pasando por los damascos rayados o lisos, hasta los ricos brocateles o “espolines” confeccionados en sedas estrechas tejidas en telar manual y en los que predominan los centros de flor enmarcados por una orla, que se llama “nobleza”.

Tenemos constancia de que el gremio de juboneros existía en Valencia desde 1343 y sus artesanos se concentraron en torno a la calle Derechos y el Trench. Tanto los jubones de manga larga como los justillos, aunque se confeccionaban muchas veces en las propias casas, otras veces eran encargados a profesionales que se dedicaban a ello exclusivamente.